http://susipop-sergi.blogspot.com/
Un blog interesante, jeje.
lunes, 15 de febrero de 2010
sábado, 6 de febrero de 2010
CHERTOGÓN
Os dejo el link desde donde podéis leer gratuitamente el alucinante relato "Chertogón", de Nikolaj Semenovic Leskov, escritor y periodista ruso del S. XIX
http://issuu.com/interlector1/docs/cuento_chertogon_de_nikolaj_semenovic_leskov
http://issuu.com/interlector1/docs/cuento_chertogon_de_nikolaj_semenovic_leskov
Fragmetos del trabajo "Reflexiones sobre el paisaje, acerca de Paisajes del alma, de Unamuno".
I. SOBRE LOS PAISAJES Y LA IDENTIDAD.
A medida que hoy en día avanzan las políticas integradoras sobre el territorio que tienen, en general, su origen en dictados y normativas a nivel europeo, se va haciendo cada vez más evidente que todo lo relacionado con el paisaje y su cuidado tiene una gran importancia para el ciudadano europeo. Pero, ¿cuáles son los motivos que relacionan el desarrollo con el paisaje?. Parece evidente que desde el siglo XVIII, hay suficientes estudios e intelectuales que han hablado sobre esta relación. El conocimiento de los paisajes y el ambiente de una región resulta condición necesaria para que ésta se defina a sí misma, y se defina en un diálogo constante con aquellos que la habitan.
Esta combinación (desarrollo – paisaje), como digo, viene apoyada por distintas políticas locales, estatales e internacionales, con lo que queda en evidencia la importancia que hoy en día se le otorga.
Desde el ámbito de la geografía, por tanto, se ha trabajado mucho sobre la definición del paisaje y se le ha dado una importancia capital a su estudio. Por ejemplo, muestro aquí un fragmento de un artículo del geógrafo Buenaventura Delgado Bujalance, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, sobre el paisaje, perteneciente a uno de los artículos para el GIEST (Grupo de Investigación Estructuras y Sistemas Territoriales).
“El paisaje hace referencia a una imagen, a una forma de entender y contemplar el territorio cargada de connotaciones que, sin embargo, han configurado a lo largo de un amplio proceso histórico la representación formal y la marca de este espacio. Dicha imagen debe ser entendida y tenida en cuenta pues ha arraigado en el imaginario colectivo, provocando la valoración de determinados lugares y, en éstos, de determinadas cualidades. El paisaje es un hecho vivo y no puede congelarse, pero su dinamismo debe ser controlado por un marco de respeto del derecho de los ciudadanos al paisaje y desde éste, al derecho del paisaje.
En este camino se han ido subiendo escalones que, empezando por las primeras miradas sobre el paisaje andaluz, han culminado en miradas técnicas de las instituciones académicas y de las diversas administraciones. Así, el paisaje empieza a tener una creciente presencia y se ha hecho visible en la toma de decisiones territoriales.”
Esto es la punta de iceberg de todo un recorrido intelectual, que como decía, parte desde el S. XVIII. Pero es sobre todo a partir de mitad del siglo XIX, en pleno proceso de creación/consolidación de estados, cuando se intensifica esta aproximación al universo de los paisajes.
La incesante búsqueda del sentido nacional, del espíritu del pueblo, que desata el auge romántico, y en el caso español, la necesidad de una renovación (“regeneración”), indaga en la prolífica fuente de identidad que suponen los paisajes de la nación. Los nuevos estudios antropológicos, psicológicos y sociológicos mostraban como a través de la educación del pueblo y la búsqueda y ensalzamiento de hitos comunes, o realidades compartidas, como pueden ser los paisajes, debía construirse ese concepto nación en la mentalidad de los ciudadanos.
Es por ello que intelectuales y políticos volcaron muchos de sus esfuerzos en encontrar esas pautas comunes nacionales, como eran los paisajes de la rica y diversa España. Es en este punto donde podemos encontrar la figura de Miguel de Unamuno, de la llamada “Generación del 98”. Preocupados por la situación del país, tanto regeneracionistas como los miembros del 98 nos hablaban sobre el cambio político, la historia, la grandeza de España, nuestra lengua, nuestros bellos paisajes, sobre todo usando como modelo la imagen de Castilla. (Explicaré más adelante otras consecuencias que tuvo esta idea de usar Castilla como modelo central del país.).
Más allá de los miembros de la Generación del 98, excesivamente pesismistas, hay otra institución que se basaba, precisamente, en la educación como modelo de desarrollo del país. Es la llamada Institución Libre de Enseñanza, que a través de sus profesores y directores (Ginés de los Ríos, Cossío...) llevó a cabo nuevos modelos de enseñanza en la que se recuperaron autores olvidados (como el Greco), se renovaron métodos pedagógicos, se puso el acento en las cuestiones relacionadas con las artes y la cultura y se enfatizó la importancia del trabajo manual. (Siguiendo la estela de intelectuales como Adolfo Posada, que a su vez, bebía de las enseñanzas de Ruskin u otros autores más antiguos, como el propio Rousseau, que ya hablaban de la importancia del correcto aprendizaje, la educación y el cultivo de las habilidades manuales e intelectuales.)
Pero sobre todo, como observamos en los textos del propio Giner de los Ríos, resultaba fundamental la conexión de los alumnos con el mundo exterior, con la naturaleza y el propio paisaje. Fundamental para una adecuada formación académica, pero sobre todo, para una construcción de ese espíritu que, como comentaba anteriormente, se buscaba para los jóvenes europeos, ciudadanos orgullosos de su nación.
Los diferentes ensayos que componen el texto de Unamuno sobre los paisajes se enmarcan entre los años 1918 y 1933. En esos años, ya se advertía claramente como la construcción de una nación basada en esos modelos había fracasado. El tono melancólico, de reprimenda, que en muchas ocasiones tiñe los párrafos de Unamuno, se comprende mejor desde esta perspectiva, en donde el autor ve cómo se ha dejado de lado el verdadero valor e importancia que tiene el sentir ese espíritu español, conjunto, a través de la contemplación y comprensión de sus paisajes.
A medida que hoy en día avanzan las políticas integradoras sobre el territorio que tienen, en general, su origen en dictados y normativas a nivel europeo, se va haciendo cada vez más evidente que todo lo relacionado con el paisaje y su cuidado tiene una gran importancia para el ciudadano europeo. Pero, ¿cuáles son los motivos que relacionan el desarrollo con el paisaje?. Parece evidente que desde el siglo XVIII, hay suficientes estudios e intelectuales que han hablado sobre esta relación. El conocimiento de los paisajes y el ambiente de una región resulta condición necesaria para que ésta se defina a sí misma, y se defina en un diálogo constante con aquellos que la habitan.
Esta combinación (desarrollo – paisaje), como digo, viene apoyada por distintas políticas locales, estatales e internacionales, con lo que queda en evidencia la importancia que hoy en día se le otorga.
Desde el ámbito de la geografía, por tanto, se ha trabajado mucho sobre la definición del paisaje y se le ha dado una importancia capital a su estudio. Por ejemplo, muestro aquí un fragmento de un artículo del geógrafo Buenaventura Delgado Bujalance, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, sobre el paisaje, perteneciente a uno de los artículos para el GIEST (Grupo de Investigación Estructuras y Sistemas Territoriales).
“El paisaje hace referencia a una imagen, a una forma de entender y contemplar el territorio cargada de connotaciones que, sin embargo, han configurado a lo largo de un amplio proceso histórico la representación formal y la marca de este espacio. Dicha imagen debe ser entendida y tenida en cuenta pues ha arraigado en el imaginario colectivo, provocando la valoración de determinados lugares y, en éstos, de determinadas cualidades. El paisaje es un hecho vivo y no puede congelarse, pero su dinamismo debe ser controlado por un marco de respeto del derecho de los ciudadanos al paisaje y desde éste, al derecho del paisaje.
En este camino se han ido subiendo escalones que, empezando por las primeras miradas sobre el paisaje andaluz, han culminado en miradas técnicas de las instituciones académicas y de las diversas administraciones. Así, el paisaje empieza a tener una creciente presencia y se ha hecho visible en la toma de decisiones territoriales.”
Esto es la punta de iceberg de todo un recorrido intelectual, que como decía, parte desde el S. XVIII. Pero es sobre todo a partir de mitad del siglo XIX, en pleno proceso de creación/consolidación de estados, cuando se intensifica esta aproximación al universo de los paisajes.
La incesante búsqueda del sentido nacional, del espíritu del pueblo, que desata el auge romántico, y en el caso español, la necesidad de una renovación (“regeneración”), indaga en la prolífica fuente de identidad que suponen los paisajes de la nación. Los nuevos estudios antropológicos, psicológicos y sociológicos mostraban como a través de la educación del pueblo y la búsqueda y ensalzamiento de hitos comunes, o realidades compartidas, como pueden ser los paisajes, debía construirse ese concepto nación en la mentalidad de los ciudadanos.
Es por ello que intelectuales y políticos volcaron muchos de sus esfuerzos en encontrar esas pautas comunes nacionales, como eran los paisajes de la rica y diversa España. Es en este punto donde podemos encontrar la figura de Miguel de Unamuno, de la llamada “Generación del 98”. Preocupados por la situación del país, tanto regeneracionistas como los miembros del 98 nos hablaban sobre el cambio político, la historia, la grandeza de España, nuestra lengua, nuestros bellos paisajes, sobre todo usando como modelo la imagen de Castilla. (Explicaré más adelante otras consecuencias que tuvo esta idea de usar Castilla como modelo central del país.).
Más allá de los miembros de la Generación del 98, excesivamente pesismistas, hay otra institución que se basaba, precisamente, en la educación como modelo de desarrollo del país. Es la llamada Institución Libre de Enseñanza, que a través de sus profesores y directores (Ginés de los Ríos, Cossío...) llevó a cabo nuevos modelos de enseñanza en la que se recuperaron autores olvidados (como el Greco), se renovaron métodos pedagógicos, se puso el acento en las cuestiones relacionadas con las artes y la cultura y se enfatizó la importancia del trabajo manual. (Siguiendo la estela de intelectuales como Adolfo Posada, que a su vez, bebía de las enseñanzas de Ruskin u otros autores más antiguos, como el propio Rousseau, que ya hablaban de la importancia del correcto aprendizaje, la educación y el cultivo de las habilidades manuales e intelectuales.)
Pero sobre todo, como observamos en los textos del propio Giner de los Ríos, resultaba fundamental la conexión de los alumnos con el mundo exterior, con la naturaleza y el propio paisaje. Fundamental para una adecuada formación académica, pero sobre todo, para una construcción de ese espíritu que, como comentaba anteriormente, se buscaba para los jóvenes europeos, ciudadanos orgullosos de su nación.
Los diferentes ensayos que componen el texto de Unamuno sobre los paisajes se enmarcan entre los años 1918 y 1933. En esos años, ya se advertía claramente como la construcción de una nación basada en esos modelos había fracasado. El tono melancólico, de reprimenda, que en muchas ocasiones tiñe los párrafos de Unamuno, se comprende mejor desde esta perspectiva, en donde el autor ve cómo se ha dejado de lado el verdadero valor e importancia que tiene el sentir ese espíritu español, conjunto, a través de la contemplación y comprensión de sus paisajes.
viernes, 5 de febrero de 2010
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